Peces breus i no tan breus

Estic orgullosa de la meva ciutat, perquè dins tota la bellesa que té, una de les coses que més aprecio és que si ho cerques, pots viure el teatre de moltes maneres. Una d’elles és que durant l’any s’hi celebren un parell d’edicions de Teatre de Barra. Aquest esdeveniment cultural s’instal·la als barris més històrics de la ciutat i que tenen un encant especial.

Es tracta d’una activitat accessible per a tothom, especialment per a la gent jove, degut al preu, l’espai on es fa i el contingut de les peces. Cada edició adopta una temàtica diferent. Jo m’hi vaig estrenar amb la de sexe i mort: “Eros y Tánatos”. A l’any següent, seguint amb la tradició vaig tornar a assistir-hi, i la temàtica eren les adiccions, concretament a la tecnologia. Vaig convèncer amics meus per a que m’acompanyessin, com ja havia fet l’any anterior. D’alguna manera això em creava una bona sensació: la d’estar apropant la gent al teatre, o fins i tot, el teatre a la gent. 

El meu primer any va tindre lloc al barri de Santa Catalina, una de les zones més properes a la mar. Al costat s’hi troba el Teatre Mar i Terra, on jo vaig viure dos anys de cursos de teatre que tornaria a reviure encantada. També hi trobem l’església de Sant Magí, preciosa i envoltada de plantes baixes, pròpies del barri, així com de bars diversos. 

Recuperant el Teatre de Barra, abans de seguir hauria de mencionar en què consisteix després de tanta contextualització. Es tracta d’una sèrie de representacions, cada una es du a terme en un bar diferent de la mateixa zona, generalment en el mateix carrer. Primer et dirigeixes al bar on venen les entrades, i almenys per mi, m’és difícil vèncer la temptació de no comprar-les totes. Llavors comença la ruta per les diferents obres.

La posada en escena d’aquestes petites obres és de les millors parts, per no dir la essencial. Entres a l’espai (generalment un bar, d’aquí prové el joc de paraules que dóna nom a l’esdeveniment) t’asseus a les cadires i a un pam teu tens als actors recreant mil situacions, els pots tocar literalment. Utilitzen tot el que ofereix el bar, és a dir, la barra, les copes, la cervesa, els taburets. Tot forma part de l’atrezzo. No precisen de res més. Les representacions tenen una durada aproximada de 15 min. El que em reafirma en que el temps passa volant quan t’ho estàs passant bé.

Qualsevol activitat que impliqui una posada en escena, a mi ja em garanteix alguna cosa. No sé el que però em transmet moltíssim, una energia que no sé explicar. Quan vaig descobrir el Teatre de Barra, crec que no era conscient de la porta que havia obert. Amb la meva tia ja s’ha convertit en tradició buscar a l’estiu on fan representacions de Tdb i anar-hi. La darrera vegada va ser a Sa Possessió, un recinte als afores de Palma. Es tracta d’una casa molt antiga que ha estat rehabilitada per acollir-hi espectacles, sobretot festes electròniques, i en aquella ocasió estival, teatre. 

El millor és que de cada edició se’n fa un llibret que recull totes les peces de microteatre. D’aquestes publicacions s’hi encarrega Edicions Òrbita. Una editorial illenca, al darrera de la qual s’hi troben Vicente García, Javier Matesanz i Natàlia Rabassa, i que promou la cultura i la literatura en català. Espero que segueixi sent així molts anys més.

After Dark con luz propia

Mezcla de reflexión y análisis sobre la novela de Haruki Murakami.

“A medianoche, el tiempo transcurre de una manera especial”. Otra vez Murakami escogiendo las mejores sentencias. Hace poco terminé de leer After Dark, es la tercera novela de Haruki Murakami que leo, y con el mismo resultado: una adicción desenfrenada. La historia es sencilla, el transcurso de una noche en Tokyo en la piel de una joven de diecinueve años. A cada comienzo de un nuevo capítulo, hay unos pequeños dibujos de relojes, y a cada capítulo las manecillas avanzan un poco más. Como si estuvieras tú también en esa misteriosa noche tokiota. 

A mí me ha reafirmado en la creencia de que muchas (no todas) de las mejores historias que ocurren (o me han ocurrido) son nocturnas. Esa es una de las reflexiones que he sacado del libro. Una de muchas, tengo el libro lleno de dobladillos en las esquinas superiores de las páginas. La verdad es que hacer este gesto es un poco traicionero. Me explico: en su momento marqué la página de manera consciente, sabiendo el porqué, pero con el paso del tiempo, vuelvo a abrir el libro y son muchas las ocasiones en las que no consigo recordar porque lo marqué. Que injusto. Aún así, no quito el dobladillo, quién sabe si algún día vuelvo a acordarme.

Volviendo a la noche, la aventura (si podemos llamarla así) que vive Mari Asai roza el surrealismo. Dos años más tarde de la publicación del libro, Cómo Conocí A Vuestra Madre titularía a uno de sus famosos capítulos: “Nothing good happens after 2 A.M”. No digo que esta frase resuma la historia, pero el título, el contenido del capítulo difiere totalmente de la novela, me sirve para hacer referencia a alguna situación turbia que te presenta el libro. Caras de la realidad que no llegamos a ver pero que están ahí. 

A todo esto se añade un abanico de personajes de lo más pintorescos; lugares en los que no pensarías que llegarías a entrar, esos que luego ves a la luz del día y no tienen el mismo significado que la noche anterior, ni siquiera su apariencia, y situaciones que provocan temor. Por tanto, y como se dice de lo que habita en la oscuridad, también conocemos algún que otro monstruo. Este último elemento sí hace dudar de la magia de la noche, pero como en todos lados, siempre hay algún vestigio de malicia. 

El relato se desenvuelve, desde mi punto de vista, como la visión que tiene Mari de la que siempre ha sido su ciudad, de un modo que nunca había visto antes. Yo lo relaciono con las ganas de rebeldía que tiene, las ganas de explorar por su cuenta y de no querer que llegue la hora de volver a casa. Una actitud que aunque pueda parecer temeraria, está impregnada de madurez, en un marco de transición hacia la vida adulta. Aquello que a Mari Asai le da más miedo que la oscuridad. Eso es lo que hace que decida refugiarse en locales que no conoce y perderse por la ciudad, se siente más en casa en estos espacios, que en su propio hogar. 

Tokyo se nos presenta como un escenario misterioso aunque a su vez acogedor, así como las diferentes ubicaciones por las que se mueven, y nos mueven, los protagonistas. Esos lugares que, a diferencia de otros, cobran vida cuando cae la noche. Recuerdo que, cuando empecé a salir algunas noches por mi ciudad fui a varios sitios que de día nunca había visto o a los que simplemente no había caído en su existencia. Eso te hace ver las cosas de un modo distinto, te los haces tuyos, junto a los recuerdos. Después, cuando vuelves a pasear por esos mismos lugares, los ves de un modo distinto, en muchas ocasiones pasan a formar parte de ti. Eso es mágico. Mari Asai lleva viviendo toda su vida en Tokyo, y en varios aspectos, apenas la conocía. A través de esta noche que nos cuenta After Dark logra cambiar su percepción, a contrarreloj. 

Murakami, el eterno candidato al Nobel de literatura, consigue de nuevo atraparme, como siempre. No tengo más remedio que seguir leyendo su obra, e ir comprobando que la fórmula se repite.

Portada de After Dark, de la edición de Maxi Tusquets.

Bang!

A raíz de ver Joker (¿os suena?) regresó a mí la obsesión por la némesis de Batman, así que la mañana siguiente, con una tormenta a lo lejos, me puse “La Broma Asesina” (The Killing Joke). La versión animada del cómic de Alan Moore, Brian Holland y John Higgins. Leí el cómic hace unos años, pero por aquel entonces no me llamó la atención la película. Inocente de mí. 

Batgirl y Batman. I Fuente: Detective Comics

Entonces empecé a verla. Y lo primero que me llamó la atención fue la primera parte de la película, donde se presenta a Batman y a Batgirl “trabajando” juntos y patrullando Gotham, así como quien no quiere la cosa. Una parte añadida a la película exclusivamente. Me sorprendió para bien, especialmente la relación de amor/odio entre Bruce y Barbara. Aunque eso hace que lo que ocurra luego con ella sea aún más doloroso. El payaso de DC lleva a cabo una de sus peores atrocidades hacia Barbara Gordon. Pero eso ya lo veréis por vosotr@s mism@s.

Después de casi una hora de película, incluyendo una pausa para comer, empieza la parte que más grabada tenía en la memoria. Se presenta al antagonista de la historia, en realidad, una de sus macabras obras: una sala llena de cadáveres con una sonrisa permanente en la boca, de pómulo a pómulo, sentados en sillas, como si de una clase se tratara. El inspector le explica al murciélago lo ocurrido, y él en su cabeza ya sabe dónde y a quién debe ir a visitar. Siguiente escena, Arkham Asylum, el famoso hospital psiquiátrico de Detective Comics, hogar de tantas historias y de varios enemigos de Batman. Paralelamente a esta situación, un hombre cuyas características quizá nos puedan resultar familiares y con la misma voz que el profesor Lupin en Harry Potter (el doblador en español del actor David Thewlis), lo que me pareció gracioso y todo, visita un parque de atracciones abandonado a lo Coney Island para comprarlo. Es aquí donde se nos presenta al payaso del crimen. Una de sus versiones más crueles, dispuesto a todo para atraer a quién ya sabéis hacia su territorio. 

La macabra firma del Joker. I Fuente: Detective Comics

Esto es lo que más recordaba del cómic, las escenas del parque y, para mí lo más interesante, los flashbacks que tiene el Joker de su vida pasada. Tanto en el cómic como en la película, el color de esas partes cambia al sepia. Te cuentan la situación de un hombre que se ve incapaz de sacar adelante a su familia, incapaz de hacer reír a la gente siendo comediante, cuyos sueños se ven frustrados. A este hombre se le presenta una oportunidad, y al no tener, según él, nada que perder y mucho que ganar, acepta. Aparece así la mítica capucha roja, el misterioso disfraz que debe llevar para ayudar a unos ladrones a cruzar una planta química y llegar a una fábrica de naipes (muy irónico, vamos). Como podíais esperar: entro en una planta química y sale mal. El resto ya lo sabéis, cara blanca, pelo verde, sonrisa de lado a lado y la demencia servida. Todo de golpe. 

Las partes como esta, las del origen del personaje y de la vida que llevaba antes fueron las que más me atraparon. Pues una de las cosas que me atraen más de las historias son los orígenes, cómo se forman los personajes, porqué están allí o qué les motiva. Y el Joker se lleva la palma en cuanto a historias de origen.

Pero lo que realmente quería ver era la mítica escena de la batalla final. Siguiendo con la historia, el Joker consigue atraer a Batman a su trampa circense, e inician una pelea. Cuando el Joker queda prácticamente derrotado, Batman es fiel a su ética y decide no llegar al final, sino que la da un discurso al estilo coaching de rehabilitación a la sociedad. A lo que el Joker le responde con un chiste. Este chiste, es decir, las últimas viñetas del cómic, los últimos fotogramas de la película, son una de las mejores partes y que revelan una probable realidad sobre el enmascarado: la gran similitud que tiene con su archienemigo. No voy a contaros el chiste, perdería su gracia. 

Al terminar The Killing Joke me sentí satisfecha de por fin haberla visto y profundizar más en el universo animado de Batman. En mi itinerario, la siguiente parada es, Batman: Mask of the Phantasm

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El mal vive en el bosque… o eso dicen

Bellaterra. 9 de octubre.

Si el mal vive en el bosque, ver esta película al lado de uno resulta “valor añadido”, como dirían en Súper 8. Los bosques siempre han sido lugares con carácter místico, como si fueran capaces de hablarnos, sin nosotros saber qué llega a esconderse en ellos. Pues bien, si a esto añadimos una familia desterrada, en la Nueva Inglaterra del siglo XVII, con la fe católica como único sustento, y un bosque considerado el hogar del mal, no hace falta decir que la mala vibra está servida. Y es que al final lo que más miedo da no es lo que pueda vivir en el bosque, sino las personas y cómo somos capaces de hacernos daño entre nosotras, como de fácil es manipularnos. Eso es lo que más terror da: las personas en estado de pánico.

Esto le ocurre a Thomasin, hija mayor de la familia protagonista de este cuento cargado de folklore, y que recrea el terror a lo desconocido y a lo incontrolable característico de aquella época. Es esta atmósfera cargada de esoterismo la que contribuye a dejarnos llevar por las relaciones familiares y los augurios que envuelven su nuevo hogar.

Cartel de la película. Fuente: Castle Rock Asylum

Los componentes clave en la película, en mi opinión, y que son los que más erizan la piel son aquellos elementos salidos directamente de la oscuridad (o del infierno), que envuelven la acción como papel de regalo. Durante la cinta somos testigos de la desaparición de un bebé, del extraño comportamiento de una cabra, alucinaciones, o del exorcismo de un niño. Situaciones que se te van poniendo por delante, y que llegan a un punto en el que ya no te incomodan, las ves como partes esenciales, porque sabes hacia donde quiere llevarte la historia. Lo que queda al final es la paranoia conjunta, el surrealismo acompañado de la desconfianza de unos y otros, y eso es lo que duele. Mucho más que la cornada de una cabra, literalmente.

El film de Robert Eggers, consigue recuperar la fe en el cine de terror. Aquel que te hace contener la respiración. Se separa de las recientes cintas en las que los recursos esenciales son la sangre y los sustos constantes, para parecerse a otras de carácter más psicológico, de un terror que cada vez parece encontrarse en peligro de extinción, con cintas como Babadook o Madre!.

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Live Like Jay

Sobre persiguiendo Mavericks 

Hay un libro que se llama “El surf y la meditación”. No recuerdo a su autor, pero siempre que lo veo cuando voy a Natura, no puedo evitar hojearlo, sin al final comprarlo. Una tortura con botón de replay. La película de “Chasing Mavericks” me reabrió esa curiosidad por el libro, por la atmósfera que me transfirió. Y la película se me presentó como un momento de revelación sobre un deporte: el surf.

El surf es un deporte vinculado a las ganas de vivir (o de sentirse vivo) y al amor por la naturaleza. Para mí esos serían los pilares para definirlo, que difieren de los Frosty, el sabio entrenador de Jay Moriarty, y que interpreta Gerard Butler. Luego se nos presenta al joven Jay, un adolescente que representa a la perfección los valores del surfista. Esto es lo que más pena me dio durante el visionado. Tuve la curiosidad de buscar su nombre en Google, y lo primero que leí fue la fecha de defunción, año 2001. Él nació el 78. Tenía 21 años cuando no volvió a la superfície, entrenando la respiración. Durante todo el filme, observé al Jay ficticio, vi como lo caracterizaban, cuál era su comportamiento. Una sonrisa en la cara, siempre dispuesto a ayudar a los demás, honesto y atento con su madre, en medio de una situación que le obligó a crecer antes de tiempo. A mí se me presentó el debate de su ensalzamiento, pero este terminó cuando al final, después del fundido a negro, se reproducen unas imágenes del Jay Moriarty real, sentado en un banco, de noche, con lo que parece una selva a su espalda, hablando de la vida, y de lo que significa vivir. Un chaval que con 16 años surfeó su primera Maverick, cayendo de una altura de entre 9 y 12 metros, quedando bajo el peso de la ola durante 18 segundos, y que de ese momento, se sacó una fotografía que sería portada de “Surfer”. Convirtiéndose en jerga de surf, en un big wave charger

 Jay en la cresta de la Maverick, fotografiado por Bob Barbour. Fuente: Surfer Magazine

La película deja aún más claro que en el surf no se domina la naturaleza, dependes de ella en cualquier momento y te entrenas para poder afrontar las condiciones que te ponga. Eso se retrata en el film con las míticas mavericks. Cada vez que te metes en el agua, estás a merced de ellas, y de nada más. Te llevas a ti mismo al límite, cruzando el umbral de la temeridad. 

Es distinta a otras cintas que también tratan la temática del surf, como “Soul Surfer”, o “Johnny Kapahala: A contracorriente”, que me acompañó en la infancia. Estas dos películas, me transmitieron otros mensajes, como la superación de los obstáculos o la adaptación a los cambios, pero siempre se centraba en una clara competición. Todo esto desde mi punto de vista.

En “Persiguiendo Mavericks”, se presenta el surf com una actividad en la que en ocasiones rozas peligrosos extremos que no te permiten volver a la superfície.

Joker: Gotham VS Barcelona

Cinesa Diagonal. Barcelona. 17 de octubre.

Arthur Fleck. Arthur Fleck y Nueva York convertida una vez más en Gotham. Una ciudad sumida en el caos, y una mente que lo está desde que tiene uso de razón. El poder que tiene el Joker para hacerte de guia por la cabeza de Fleck es tan potente y electrizante que desemboca en una empatía que en ocasiones te cuestionas. Sin saber por qué (o tal vez sí) entiendes los motivos del personaje. Entre esa difuminada brecha que nos separa a Phoenix de Fleck, nos hundimos en la ficticia Gotham a un ritmo frenético (2h intensas de film), entre disturbios, chistes malos y payasos, se desarrolla el torbellino que vive el personaje en su preparación del Joker final. En un mundo donde él no espera nada de nadie, la gente, sin saberlo, está a punto de esperar mucho de él. Con el joven Bruce Wayne y la muerte de sus padres que tantas veces hemos visto morir ante nuestros ojos de telón de fondo, esta obra psicológica se esparce como la pólvora y no deja tiempo para las palomitas o consultar la hora en el móvil. Y lo curioso o mejor, duro, es pensar que los disturbios que vemos en pantalla se están produciendo fuera, no muy lejos de la sala de cine en la que me encuentro. Buscamos evadirnos del caos exterior y vemos un film en el que una ciudad se encuentra envuelta en altercados, una total paradójica. Aunque al verlo en la pantalla, no distingo gestos o sonidos de disgusto entre el público, será porque es ficticio, pero lo que pasa fuera, lo que es real, no quieren verlo porque para ello prefieren pagar entrada. Tiene gracia, porque esto me recuerda mucho los chiste esos que cuenta Murray a lo largo de la película, y no hacen gracia a nadie.

Gotham City, la ciudad de Arthur Fleck. Fuente: Pinterest