No es una novela sobre zombis

Una novela sobre la vida de un guionista que vive en Chicago. Cuya vida (ya extraña de por sí), pasa a otro nivel cuando se encuentra a su casero revolviendo sus cosas en su propia casa, es necesario añadir que el casero también lleva puestos sus calzoncillos (de barras y estrellas, características que reitera el libro). Una novela sobre toda clase de cosas a las que podemos enfrentarnos con pinceladas de humor. Cómo se hizo La guerra de los zombis se nos presenta así, como un capitulo definitorio en la vida de Joshua Levin, su protagonista.

Aleksandar Hemon, el artífice de la obra, nació en Sarajevo, como recita la parte interior del libro “en la antigua Yugoslavia”, hecho que se pronuncia más de una vez en el libro. De hecho, podría considerarse uno de los elementos centrales, pues la historia cuenta con la presencia de varios personajes bosnios. Podría barajarse la opción que en ocasiones la crítica impregne las páginas, es decir, la crítica a según que aspectos que viven los extranjeros llegados a Estados Unidos. Sin embargo, Hemon lo camufla con situaciones cotidianas, humor, y una pizca de surrealismo, lo que da lugar al torbellino que vive nuestro protagonista, el guionista Joshua Levin.

Joshua Levin es una persona normal y corriente (algo más que necesario en los libros y en las películas), puedes sentirte identificado con él en varios aspectos: en el amor, en el trabajo, en su situación familiar, en sus objetivos personales, etc. A pesar de que el laberinto de acción y emoción que debe cruzar Joshua puede presentarse un tanto lejano, la esencia del personaje es la misma en cada tramo. Esta esencia es la misma coraza que le envuelve para afrontar dichas situaciones.

El personaje de Levin se sitúa, pues, como uno de los elementos que más brillan de la novela de Hemon. Pues además de ser el protagonista, lo que ya nos hace centrarnos en él, sientes empatía hacia él, o al menos en mi caso, mucha. Es un tío original, y su trabajo también lo es: escribir guiones (o intentarlo). Y hay otras formas por las que puedes sentirte conectado con él: le encanta el cine, su familia es de lo más variopinta, y hasta sus alumnos lo son (Levin da clases de inglés para extranjeros), y su vida amorosa se tambalea por momentos.

Portada de la edición de Libros del Asteroide, con el genial diseño de Duró. Foto: Cata Miralles

El surrealismo

Entonces, el libro empieza con Levin en una cafetería, sumergido en sus borradores de guiones, todos ellos inacabados, hasta que se ve iluminado por una idea: crear un guion sobre zombis. A partir de este momento, y de manera muy original, entre capítulo y capítulo, se interponen una serie de páginas que representan un guion, con la tipografía característica y todo. Así que te encuentras sumergido en dos historias paralelas. Sin saber distinguir cuál es más surrealista.

El surrealismo es otro de los elementos a resaltar. Se trata de un surrealismos que nace de la realidad (voy a explicarme), no es el surrealismo subjetivo propio de pensamientos y reflexiones, ni propio del género de la fantasía, es un surrealismo cuyo base central, en mi opinión, son las situaciones de humor absurdo. Esta clase de surrealismo es el que impregna las páginas la novela de Hemon.

Los espacios

Todos los espacios en los que se desarrolla la historia: el taller de guiones al que asiste Joshua, la casa de su novia Kimiko, el centro donde da clases de inglés, su propio piso y hasta el lugar al que va a comer con su padre, son geniales y originales. Todos permiten crear escenarios nuevos que a su vez dan lugar a comentarios por parte de los personajes y a situaciones que desembocan en otras. No hay ningún lugar vacío, todos acaban siendo engranajes que poco a poco te permiten conocer más a Joshua y la historia que nos cuenta Hemon. Hay algunas líneas de humor negro, que aparecen en ocasiones (la historia se enmarca en los años posteriores al 11-S, de manera que aparecen comentarios sobre la guerra, sobre Irak, el gobierno, etc.), es lo único que, dependiendo del contexto, puede presentarse un tanto brusco. Quizá, porque, desde mi punto de vista, se estropeaba la atmósfera conseguida en ciertas páginas debido a algún comentario de este tipo.

«Hay que estar montado en el dólar para hacer una película» – Graham (Taller de Escritura de guion nivel 2)

Un último punto a resaltar de esta novela, es la crítica que se hace de la industria de Hollywood. Hay dos momentos, que para mí lo representan a la perfección y encarnan la crítica. Momento 1: el odio que siente Graham (uno de los asistentes que “preside” el taller de Escritura de guion nivel 2), hacia los Weinsteins, que se contrapone con la opinión de Joshua, que tampoco es que los adore. Podemos incluir estas líneas del propio Josh sobre la industria al respecto, “Había buenas razones para justificar una carrera de guionista que se basara en el arte de evitar por completo a los Weinsteins, del mismo modo que uno se podía organizar la vida sobre la base de una ausencia de absoluta de esperanza y ambición”. Esta frase para mí identifica la rabia que siente Josh por tener que sucumbir al poder de la industria, pero a la vez reconoce que sin ella, alcanzar el éxito se muestra como una meta lejana e, incluso, inalcanzable.

El momento 2: es la reunión que tiene Joshua con un “cazatalentos” llamado Billy. Durante la reunión, Joshua no lo aguanta. De hecho, se describe al personaje de Billy de tal manera que le coges rabia, se dedica a criticar al personal que trabaja en el restaurante en el que se encuentran y únicamente se luce a sí mismo, debido al poder que le concede el dinero en una industria donde la energía tiene forma de billete. Esta encarnación de la supuesta “puerta hacia el éxito”, es satírica, se trata de una persona incompetente que solo sabe comentar lo que ha conseguido mediante el dinero y lo mediocres que son los demás. Una sátira inteligente y que encaja como un pieza de puzle en el libro.

Cómo se hizo La Guerra de los zombis es una novela que a mí consiguió atraparme, por tanto es una recomendación personal, pero que creo firmemente que es una elección literaria acertada. Para los amantes del humor (con una pizca del absurdo), de las situaciones frenéticas, del cine, de las historias de amor y desamor, de las historias familiares, y de las novelas que te atrapan. Un abanico de posibilidades encuadernado. Tengo que darle la oportunidad a otras novelas de Hemon, pero esta ya se ha colado en mi retina.

Una vida en seis días

Sobre Ojo de Halcón 1 (Seis días en la vida de…): opinión y reflexión

La mañana del día de mi cumpleaños fui a comprar helado para el mediodía. Al entrar en la tienda, un opencor de esos que abren 24h., me fijé en un expositor de Panini. Allí me dediqué un rato a ojear los diferentes tomos, y dos llamaron especialmente mi atención: “Born Again” de Daredevil, y “Seis días en la vida de… «, el primer número de una colección de Ojo de Halcón (100% Marvel anunciaba su cubierta). Decidí que uno de los dos iba a llevármelo a casa, pero el primero se escapaba de mi presupuesto en ese momento, qué curioso eh? Que un cómic sea caro. Total que me decliné por el segundo, que dentro de lo que cabe era más asequible. Puedo decir que ha sido una de las mejores elecciones que he hecho en la compra de un cómic. Además, a través de este inicio de colección he podido conocer los nombres de Javier Pulido, Matt Fraction y David Aja, autores del cómic.

Lo que pasa es que muchos años antes ya había visto algo sobre el cómic que ahora llevaba en mis manos. Me dieron un tomo grapado, esos que básicamente cumplen la función de promoción. Me lo dieron en la tienda de cómics a la que siempre voy en mi ciudad. El breve tomo contenía las primeras páginas del primer número, el inicio de la historia. Sin embargo, el grapas se lo regalé a un amigo sin yo llegar a leerlo.

Lo gracioso es que el tomo entero, el que me compré hace un par de meses, me lo leí en tres días. Seis días en tres. Y me quedé flipando. Para empezar, y lo primero en lo que te fijas al hojear un cómic, el dibujo y el color. Unas viñetas que, al menos en mi caso, disfruté con cada detalle, con un estilo divertido. Los trazos de las siluetas, las líneas gruesas, eso le da un aspecto mucho más “cómic”. Me explico, desde mi punto de vista no daba la impresión de una imagen seria y sombría, como es el caso de algunas adaptaciones que se han he hecho de otras historias. Por ejemplo en el guión, las conversaciones son fuertes, pero siempre hay un punto de broma que caracteriza al personaje principal (Clint Barton)y su forma de afrontar las situaciones.

El hecho que, de manera improvisada empezara a leer un cómic que acabó gustándome en cuanto a ilustración, estilo y guión, fue genial. Lo digo porque en mi caso, otras ocasiones había perseguido durante mucho tiempo alguna novela gráfica, como el caso que os quería contar con»From Hell». Estuve bastante tiempo ahorrando para comprarme el libro, me llamaba muchísimo la atención, ya no por los autores, Alan Moore y Eddie Campbell, sino por la historia: Jack el Destripador. Sin embargo, a pesar de que la ilustración fuera impactante a cada página, tuve que dejarlo de lado debido a la dureza y a la pesadez de la trama, se me hizo imposible continuar, no estaba disfrutando. Todo esto desde mi punto de vista. Por tanto, que lo contrario me ocurriera con un tomo que encontré por coincidencia, y que estuviera protagonizado por un personaje que nunca me había llamado la atención, me sorprendió hasta a mí misma

Entonces empecé a leerlo, y puedo decir que por fin he sentido cierto cariño hacia el personaje de Ojo de Halcón, después de verlo aparecer tantas veces en el cine, me ha caído mejor el personaje en papel que el de carne y hueso (quizá por la poca afinidad que le tengo a Jeremy Renner, ‘ala’ ya lo he dicho).

Iba a volver a hablar de las viñetas, pero voy a parar de usar este vocabulario porque no se me da muy bien la verdad, y además ya se me estaba agotando el diccionario de recursos artísticos. Ahora me toca seguir con la serie de tomos y ver si el segundo me provoca las mismas sensaciones o incluso mejores, así que voy a intentar no pensar en la frase de “segundas partes…”. Sinceramente, me alegro de aquel día que, de manera improvisada lo descubrí, aunque eso implicara dejar de lado “Born Again” para otra ocasión. La industria del cómic es lo que tiene, que no es nada asequible, sobretodo si quieres comprar más de uno el mismo día. Entonces ya entramos en un juego de preferencias. Echadle un ojo si podéis, el chiste se cuenta solo.

After Dark con luz propia

Mezcla de reflexión y análisis sobre la novela de Haruki Murakami.

“A medianoche, el tiempo transcurre de una manera especial”. Otra vez Murakami escogiendo las mejores sentencias. Hace poco terminé de leer After Dark, es la tercera novela de Haruki Murakami que leo, y con el mismo resultado: una adicción desenfrenada. La historia es sencilla, el transcurso de una noche en Tokyo en la piel de una joven de diecinueve años. A cada comienzo de un nuevo capítulo, hay unos pequeños dibujos de relojes, y a cada capítulo las manecillas avanzan un poco más. Como si estuvieras tú también en esa misteriosa noche tokiota. 

A mí me ha reafirmado en la creencia de que muchas (no todas) de las mejores historias que ocurren (o me han ocurrido) son nocturnas. Esa es una de las reflexiones que he sacado del libro. Una de muchas, tengo el libro lleno de dobladillos en las esquinas superiores de las páginas. La verdad es que hacer este gesto es un poco traicionero. Me explico: en su momento marqué la página de manera consciente, sabiendo el porqué, pero con el paso del tiempo, vuelvo a abrir el libro y son muchas las ocasiones en las que no consigo recordar porque lo marqué. Que injusto. Aún así, no quito el dobladillo, quién sabe si algún día vuelvo a acordarme.

Volviendo a la noche, la aventura (si podemos llamarla así) que vive Mari Asai roza el surrealismo. Dos años más tarde de la publicación del libro, Cómo Conocí A Vuestra Madre titularía a uno de sus famosos capítulos: “Nothing good happens after 2 A.M”. No digo que esta frase resuma la historia, pero el título, el contenido del capítulo difiere totalmente de la novela, me sirve para hacer referencia a alguna situación turbia que te presenta el libro. Caras de la realidad que no llegamos a ver pero que están ahí. 

A todo esto se añade un abanico de personajes de lo más pintorescos; lugares en los que no pensarías que llegarías a entrar, esos que luego ves a la luz del día y no tienen el mismo significado que la noche anterior, ni siquiera su apariencia, y situaciones que provocan temor. Por tanto, y como se dice de lo que habita en la oscuridad, también conocemos algún que otro monstruo. Este último elemento sí hace dudar de la magia de la noche, pero como en todos lados, siempre hay algún vestigio de malicia. 

El relato se desenvuelve, desde mi punto de vista, como la visión que tiene Mari de la que siempre ha sido su ciudad, de un modo que nunca había visto antes. Yo lo relaciono con las ganas de rebeldía que tiene, las ganas de explorar por su cuenta y de no querer que llegue la hora de volver a casa. Una actitud que aunque pueda parecer temeraria, está impregnada de madurez, en un marco de transición hacia la vida adulta. Aquello que a Mari Asai le da más miedo que la oscuridad. Eso es lo que hace que decida refugiarse en locales que no conoce y perderse por la ciudad, se siente más en casa en estos espacios, que en su propio hogar. 

Tokyo se nos presenta como un escenario misterioso aunque a su vez acogedor, así como las diferentes ubicaciones por las que se mueven, y nos mueven, los protagonistas. Esos lugares que, a diferencia de otros, cobran vida cuando cae la noche. Recuerdo que, cuando empecé a salir algunas noches por mi ciudad fui a varios sitios que de día nunca había visto o a los que simplemente no había caído en su existencia. Eso te hace ver las cosas de un modo distinto, te los haces tuyos, junto a los recuerdos. Después, cuando vuelves a pasear por esos mismos lugares, los ves de un modo distinto, en muchas ocasiones pasan a formar parte de ti. Eso es mágico. Mari Asai lleva viviendo toda su vida en Tokyo, y en varios aspectos, apenas la conocía. A través de esta noche que nos cuenta After Dark logra cambiar su percepción, a contrarreloj. 

Murakami, el eterno candidato al Nobel de literatura, consigue de nuevo atraparme, como siempre. No tengo más remedio que seguir leyendo su obra, e ir comprobando que la fórmula se repite.

Portada de After Dark, de la edición de Maxi Tusquets.