Azotea

Ayer me desperté, y al abrir las persianas vi que estaba lloviendo (¡y qué frío hacía!). Pensé como esta situación me recuerda cada vez más al capítulo de la Banda del Patio en el que llueve sin parar y no pueden salir al recreo. Entonces cada día, a la hora del recreo, se quedan encerrados en el comedor, donde empiezan a delirar, enfadarse entre ellos y en general tienden a todo tipo de efectos secundarios propios del aburrimiento y de estar encerrados. De hecho llegan al punto de odiar el recreo, deseando poder quedarse en clase.

Tras pensar en esto, me fijé en una construcción que hay enfrente de mi edificio y que lleva así desde este verano o más atrás. Al llegar a casa el sábado, vi que el edificio había pasado en apenas un mes y medio de tener una planta, a tener tres. Me pregunto quién vendrá a vivir aquí, qué historias nacerán junto al edificio, … La lluvia le da otro color a la situación, si ya de por sí es un poco gris un esqueleto de cemento, que el cielo adopte el mismo color es un plus de dramatismo.

No es que hoy me haya dedicado a mirar más por la ventana de lo normal, sino que cuando observo los edificios que envuelven mi casa, me gusta imaginarme qué debe ocurrir en ellos, qué historias guardan. Especialmente ahora que cada hogar se ha transformado en un cofre lleno de historias. ¿Qué hará la gente para no aburrirse?. La noche anterior mi hermana entró en mi habitación y me dijo, “¿Te apetece salir a tomar una cerveza a la terraza?”. Antes de que acabara la frase creía que iba a decir si me apetecía salir fuera, una ilusión del momento. Así que cogimos dos cervezas y salimos fuera, a la terraza. Me sentí como en una de esas azoteas neoyorquinas viendo los pisos al otro lado de la calle, con las luces encendidas, los coches pasar de vez en cuando, y valorando lo extraño que era que el silencio lo envolviera todo. Vamos a intentar convertir esto en una rutina, a las diez de la noche salir a la terraza a tomar una birra, a celebrar lo bien que estamos a pesar de que estemos encerrados. Viendo las diferentes tonalidades que puede tener el día desde la ventana. Por eso intento imaginar qué debe hacer la gente en sus casas estos días, y vuelvo a mirar el edificio que tengo delante, ahora en construcción de manera permanente, pensando que por una parte todo es efímero, pero a la vez todo está paralizado. Pero a pesar de esta paralización latente, veo mucho movimiento, especialmente en los momentos que el día lo permite.

La azotea en la escena final de Her. Foto: Pinterest

Sin ir más lejos (aunque tampoco podría), ayer volví a salir a la calle, esta vez para ir al súper de verdad, decidida y sin ningún tipo ‘performance’ como pretexto. Fue un agradable paseo bajo las farolas y su haz de luz anaranjado que duró unos cinco minutos. Lo bonito fue que de vuelta a casa con el café que había ido a comprar, un bien de primera necesidad por supuesto, irrumpió en la calle la ola de aplausos que ahora tiene lugar cada noche. Pero no fue eso lo que me llamó la atención, ni lo que dirigió mi cabeza a través de los balcones, ventanas y terrazas, sino la melodía de “Viva la Vida” de Coldplay. Resonaba por el cruce de calles detrás de mi bloque, al final localicé la música. Salía de una de las azoteas vecinas.

Entonces que todo esté más paralizado: sí, es cierto y puede percibirse perfectamente, pero no se aplica a todo ni en todo momento. Esa canción, en ese momento, fue como escuchar un himno, una melodía que durante unos segundos nos unía a todos los que la estábamos escuchando.

Antes irme a dormir y finalizar otro día en casa, leí una publicación que llamó mi atención. Hablaba de que la canción de R.E.M, It’s The End Of The World As We Know It (And I Feel Fine), ha vuelto a entrar en las listas de Estados Unidos, alcanzando el número 64, y por lo visto continua subiendo. Es paradójico, pues en parte estos días es cierto que la vida como la conocíamos: la rutina, salir a la calle a pasear, al trabajo, y otro tipo de actividades que maldecíamos, se ha terminado. Pero a la vez estamos bien, estamos en casa, vivimos en una época en la podemos acceder a bastantes contenidos y posibilidades desde el sofá, muchos pudimos regresar a casa desde otras ciudades y poder estar con la familia, … Sigue siendo una paradoja, pero mantiene algo reconfortante. Quién sabe, puede que la semana que viene sea “Viva La Vida” la canción que vuelva a entrar en las listas, alcance el top 1 y podamos oírla desde nuestras azoteas y balcones.

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