En la cocina de mi casa hay una ventana enorme, con forma de puerta. Al mediodía y por la tarde, especialmente ahora en primavera, entra una luz muy cálida y agradable. Me atrevo a decir que para mí es de los lugares que más me gustan de mi casa. La cafetera está al lado, en la encimera, así que cuando me preparo un café, mientras espero a que la cafetera haga su magia, me asomo por la ventana, y miro al cielo, me gusta mucho más que mirar a la calle, o miro el edificio de enfrente, cotilleando las terrazas y comentando para mis adentros las decoraciones de cada una. Cuando ya tengo el café en la mano, me quedo un rato más allí asomada, como si por un instante pudiera detener el tiempo desde esa posición. Luego este trance se ve interrumpido por aquello que me depare el “después”, pero casi cada día repito lo que es para mí un ritual. En realidad los momentos del café (cualquier bebida o lo que sea está incluido) me transmiten muchos recuerdos, tomar el café con mis padres en el salón, con la tele encendida pero sin ver nada, o en las tardes de estudio cuando era el momento “antes de” cualquier cosa, como pulsar el botón de start; y ahora aunque todo parezca una pausa larga, sigue siendo especial. Poco se valora la magia que tienen las cocinas, son las partes de las casas en las que hay más vida, en las que se mantienen conversaciones y debates muy interesantes, donde se discute o celebran cosas, es un lugar de reunión. Y son acogedoras, casi siempre me atrevería a decir. Cualquier sitio en el que la luz del sol entra con una tonalidad cálida y desértica, como los paisajes de Journey, tienen algo especial para mí, identidad propia. Llevo mucho tiempo viviendo en mi casa, y ha sido en los últimos años en los que he descubierto lo mucho que adoro esa ventana, ese rincón en concreto. Las perspectivas que me da.

Al final las personas nos componemos de lugares a los que volver. Podrían ser refugios, porque a veces funcionan como tal, pero otras, simplemente nos ofrecen un espacio en el que para nosotros todo está en orden, en los que no hay nada a cambiar. Ahora que pasamos más tiempo en casa que nunca, seguro que encontramos estos lugares o los disponemos nosotros mismos, puede ser una parte en concreto de la terraza, en la que el sol pega de una forma distinta, la ventana de vuestra habitación o cualquier otro lugar que para cada uno tenga luz propia.

Muy lindo relato. Pude ver la ventana de tu cocina como si estuviera ahí; es una hermosa imagen. La mención de Journey al hablar de esa luz cálida me sorprendió, por acertada.
A mi también me gustaría detener el tiempo asomada por la ventana.
Saludos.
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