¿Cómo voy a ser una falsa Alicia si este es mi sueño?

¿Alguna vez os habéis sentido identificados con Alicia? La del país de las maravillas digo. Esta historia siempre ha llamado mi atención la verdad, desde pequeña, y aunque nunca he llegado a leer la obra o ver el clásico de Disney (lo tengo pendiente, de verdad) por fin me introduje en el universo de Alicia con la película de Tim Burton. Sé que es una adaptación libre, que ocurre años más tarde de los sucesos originales, pero me parece genial. Toda la composición, en conjunto, crea una versión nueva de una historia que parecía no poder ofrecer más novedades. Lo que quiero explicar con todo esto es, que aunque nunca he leído la novela de Lewis Carroll ni he visto la película de 1951, y que lo único escrito relacionado con la obra que he leído ha sido una versión en inglés que tuvimos que leer para clase, y sinceramente, creo que por muy bonitas que fueran las ilustraciones del libro, condensar toda esa historia en unas treinta páginas, no es muy buena fórmula (aunque en ese momento se agradecía para poder llegar bien al examen). Lo que quiero conseguir con lo que escribo, es establecer un breve paralelismo entre una de las escenas de la cinta de Burton y uno de los cantes de la ‘Divina Comedia’ de Dante.

Recuperando ‘Alicia en el país de las maravillas’, por muy interesada que estuviera en toda la historia, en los mensajes que transmite y en ese universo subterráneo, no llegué a quedarme prendada de verdad hasta que vi la película de 2010, que he vuelto a ver recientemente.

Para hablar un poco de la cinta, quiero destacar que una de mis escenas favoritas se enmarca en los doce primeros minutos. Esos minutos iniciales consisten en la presentación de Alicia, de 19 años, yendo con su madre a una fiesta de la alta sociedad. Es allí, en ese escenario compuesto por jardines, árboles y una enorme casa que preside la fiesta (Anthony’s House, la busqué en Google), que ofrece una atmósfera hipnótica y preciosa visualmente. Nos paseamos por sus jardines laberínticos conociendo a los invitados que protagonizan la escena: todos vestidos en tonos que oscilan entre el blanco, el celeste y el amarillo pálido.

Mención aparte merece la crítica que podría establecerse en esta misma escena de la aristocracia inglesa y cabe destacar también el estrecho parentesco entre algunos personajes que interactúan con Alicia en los jardines y los que luego conoce al caer por la madriguera. Y mientras sucede todo esto, llegamos al punto de inflexión de la trama en el que suena de fondo la canción ‘Proposal/Down the Hole’, compuesta por Danny Elfman, encargado de la banda sonora de la película. La canción empieza a sonar en el momento en el que Hamish le pide matrimonio a Alicia y continua cuando ella persigue al conejo blanco, finalizando una vez desciende por la madriguera.

Retrato familiar. Foto: Fanpop.

Todo esto lo quería conducir hasta la siguiente relación, que establecí al poco de ver la película, momento en la que también me dio por «investigar» sobre la ‘Divina Comedia’ de Dante. Y es que esos días me dio también pir volver a escuchar a Hozier, especialmente una canción que me fascina ‘In the woods somewhere’. Investigando y buscando el significado que podría tener la canción, con la página de Genius encontré una anotación de la propia plataforma que mencionaba que el tema contenía ciertos paralelismos con el primer canto de la obra de Dante, el Inferno. Y en ese momento, lo relacioné todo.

La ‘Divina Comedia’, igual que ‘Alicia en el país de las Maravillas’, es una novela cuyo contenido siempre me ha atraído mucho, por su aura mística, esotérica y las múltiples interpretaciones a la que puede dar lugar la obra. No solo la parte más famosa del viaje que realiza Dante, el Infierno, sino el conjunto de sus explicaciones, descripciones y experiencias que tiene a lo largo del trayecto. En la obra, Dante inicia su descenso al Infierno para posteriormente alcanzar el reino celestial acompañado del poeta romano Virgilio, quien solo le acompaña a través del mencionado Infierno y del Purgatorio. El poeta también ejerce de protector de las distintas fuerzas y criaturas que van encontrando, y finalmente debe separarse de Dante pues no es digno de avanzar hacia el Paraíso, por lo que permanece en el Limbo. ¿Y dónde encaja Alicia en todo esto? Bueno, la verdad es que no me fijé exactamente en Alicia en la película de Burton para establecer la comparación (si puedo llamarlo así) sino en el Gato de Cheshire.

El primer canto del Purgatorio, por Gustave Doré. Foto: Wikipedia.

El famoso gato con la sonrisa de oreja a oreja, que habla de manera traviesa y embelesada y que tiene la capacidad de evaporarse (muy oportuno por cierto). La situación es la siguiente, una vez Alicia entra en el submundo (como Dante) le ataca una bestia llamada el Magnapresa, de la que consigue escapar. Después del ataque ella sigue su camino sola, y es en ese momento de soledad, en medio de la noche, cuando se le aparece Cheshire. El diálogo que mantienen es curioso, especialmente sobre la cuestión que flota en el aire toda la película cuando el gato le pregunta «¿Eres Alicia?», a lo que ella responde, «Ha habido un debate sobre eso». Sin embargo, la frase de Cheshire que más me cautivó en esta escena fue la siguiente: “Te llevaré con la Liebre y el Sombrerero, pero nada más”. La película la vi unos días antes de empezar a sumergirme en análisis, explicaciones e interpretaciones de la obra de Dante, pero esta frase vino a mi mente cuando leí que Virgilio acompaña a Dante hasta el Purgatorio… y nada más. Como el acompañante del florentino, el gato escolta a Alicia hasta los personajes mencionados, los que a su vez la ayudarán a seguir con su viaje, el cual solo puede realizar sola. ¿Familiar? Y con la frase, pronunciada con el tono propio del carácter del personaje (el Sombrerero se refiere a él como un cobarde y un traidor), es como si de verdad no pudiera avanzar más a partir de ese punto.

Supongo que solo es una conclusión nacida de la casualidad, pero hace varias semanas que pensé esto y se lo expliqué a un amigo, el cual me dijo que era algo muy intrigante y que podría servir para un artículo. Aquí está pues. No estoy segura de si habré podrido transcribir mis pensamientos de la mejor forma posible, pero me alegro de haber podido plasmar esta idea, combinando dos obras que admiro. Así que nada más y bien viaje.

Peces breus i no tan breus

Estic orgullosa de la meva ciutat, perquè dins tota la bellesa que té, una de les coses que més aprecio és que si ho cerques, pots viure el teatre de moltes maneres. Una d’elles és que durant l’any s’hi celebren un parell d’edicions de Teatre de Barra. Aquest esdeveniment cultural s’instal·la als barris més històrics de la ciutat i que tenen un encant especial.

Es tracta d’una activitat accessible per a tothom, especialment per a la gent jove, degut al preu, l’espai on es fa i el contingut de les peces. Cada edició adopta una temàtica diferent. Jo m’hi vaig estrenar amb la de sexe i mort: “Eros y Tánatos”. A l’any següent, seguint amb la tradició vaig tornar a assistir-hi, i la temàtica eren les adiccions, concretament a la tecnologia. Vaig convèncer amics meus per a que m’acompanyessin, com ja havia fet l’any anterior. D’alguna manera això em creava una bona sensació: la d’estar apropant la gent al teatre, o fins i tot, el teatre a la gent. 

El meu primer any va tindre lloc al barri de Santa Catalina, una de les zones més properes a la mar. Al costat s’hi troba el Teatre Mar i Terra, on jo vaig viure dos anys de cursos de teatre que tornaria a reviure encantada. També hi trobem l’església de Sant Magí, preciosa i envoltada de plantes baixes, pròpies del barri, així com de bars diversos. 

Recuperant el Teatre de Barra, abans de seguir hauria de mencionar en què consisteix després de tanta contextualització. Es tracta d’una sèrie de representacions, cada una es du a terme en un bar diferent de la mateixa zona, generalment en el mateix carrer. Primer et dirigeixes al bar on venen les entrades, i almenys per mi, m’és difícil vèncer la temptació de no comprar-les totes. Llavors comença la ruta per les diferents obres.

La posada en escena d’aquestes petites obres és de les millors parts, per no dir la essencial. Entres a l’espai (generalment un bar, d’aquí prové el joc de paraules que dóna nom a l’esdeveniment) t’asseus a les cadires i a un pam teu tens als actors recreant mil situacions, els pots tocar literalment. Utilitzen tot el que ofereix el bar, és a dir, la barra, les copes, la cervesa, els taburets. Tot forma part de l’atrezzo. No precisen de res més. Les representacions tenen una durada aproximada de 15 min. El que em reafirma en que el temps passa volant quan t’ho estàs passant bé.

Qualsevol activitat que impliqui una posada en escena, a mi ja em garanteix alguna cosa. No sé el que però em transmet moltíssim, una energia que no sé explicar. Quan vaig descobrir el Teatre de Barra, crec que no era conscient de la porta que havia obert. Amb la meva tia ja s’ha convertit en tradició buscar a l’estiu on fan representacions de Tdb i anar-hi. La darrera vegada va ser a Sa Possessió, un recinte als afores de Palma. Es tracta d’una casa molt antiga que ha estat rehabilitada per acollir-hi espectacles, sobretot festes electròniques, i en aquella ocasió estival, teatre. 

El millor és que de cada edició se’n fa un llibret que recull totes les peces de microteatre. D’aquestes publicacions s’hi encarrega Edicions Òrbita. Una editorial illenca, al darrera de la qual s’hi troben Vicente García, Javier Matesanz i Natàlia Rabassa, i que promou la cultura i la literatura en català. Espero que segueixi sent així molts anys més.