Arréglame, capullo

La vida es como un edificio, vamos creciendo y vamos acumulando pisos bajo nosotros, cada vez estamos más arriba, incluso a veces podemos notar el vértigo al echar la vista hacia abajo. Todo lo que vivimos se convierte en pilares, nuestras experiencias nos sustentan, nos forman y nos dan estabilidad o inestabilidad. Hay muchísimas vidas, todas distintas, como ocurre con los edificios. Cada una construida de una forma, siguiendo un estilo u otro. Y como en la vida real, a veces nos demolemos, o nos demuelen, que puede ser peor. 

Desde que la vi por primera vez Demolición (2015) se ha convertido en una película muy especial para mí. Cuando vuelvo a ella, no puedo evitar analizarlo todo, valorar cada secuencia. Y sobretodo, adorar a los personajes. Querer actuar como el protagonista en situaciones cotidianas, saltarme los protocolos que nos hemos impuesto a nosotros mismos. He dejado el texto sin justificar como gesto hacia ambos personajes y su forma de “desobediencia”. Es broma. La verdad es que me gusta más sin justificar, las justificaciones parecen querer significar una disculpa. 

El fin de semana pasado volví a verla y me decidí a realizar un breve análisis (muy) mío. Centrándome en los dos personajes principales, en algunas de las secuencias y en las metáforas que se esconden tras ellas. He intentado plasmar lo que tenía en la cabeza, que siempre parece estar más ordenado allí dentro que cuando lo escupo al papel. Siempre me ocurre lo mismo, cuando lo pienso, lo veo todo más bonito. Así que bueno, si es un lío, interpretadlo que es un poco así como entrar en mi cabeza. 

Davis Mitchell: To Be Alone With You

Primera escena de la película de Jean-Marc Vallée. La pareja protagonista conduce por Nueva York. Vemos el interior del coche, vemos el peinado de Davis (Jake Gyllenhaal), el traje que lleva puesto, vemos cómo va vestida su mujer Julia (Judah Lewis) y de fondo escuchamos música clásica. Todo compone una escena que nos presenta una pareja acomodada, que lo tiene todo, o eso parece. Sin embargo la siguiente escena, después de una conversación en la que hablan de arreglar su nevera, sufren un accidente. El título de este artículo es el texto que le escribió ella en un post-it en el interior de la nevera, irónico que lo lea después de perderla. Quizá deba arreglarse primero a él mismo para poder arreglar otras cosas luego.

Despertamos junto a Davis en el hospital, su mujer ha fallecido. Aquí ya podemos observar el carácter que guía al protagonista, marcada por un rasgo: su capacidad para abstraerse. Entonces sucede el desencadenante de la película, Davis se dirige a la máquina expendedora que hay en el pasillo, teclea el número de los m&m’s, y el paquete se queda enganchado (todos hemos vivido tal drama). Lo primero que hace al ver esto es dirigirse al recepcionista, que le responde que no es asunto suyo, que las máquinas pertenecen a una empresa de vending. Aquí podríamos abrir un debate sobre la capacidad que tenemos las personas para limpiarnos las manos de asuntos ajenos. Nuestro querido Davis entonces fotografía la placa en la que aparece el número de atención al cliente y el nombre de la empresa. 

Durante el funeral de su mujer, él se refugia en el despacho de su suegro y escribe la primera carta (de una larga serie) a la oficina de atención al cliente Champion, la empresa de las máquinas expendedoras. El texto que plasma en esas hojas de despacho, que nos narra la voz en off del personaje, se encarga de una enorme tarea narrativa, nos cuenta la historia de Davis y Julia. Davis lo escribe todo, con sinceridad y sin esperar que le respondan. Él no tiene nada que perder, y en mi opinión, cuando las personas hacen cosas que realmente les salen de dentro es cuando no tienen nada que perder. 

Davis continúa yendo a su trabajo con normalidad, en uno de esos rascacielos de Nueva York llenos de oficinas. No lleva a cabo ningún duelo, aún no ha llorado la pérdida de su mujer. Sigue actuando con normalidad, como si nada hubiera chocado contra su vida. Pero podemos ver cómo su carácter va cambiando, va deshaciéndose hacia uno mucho más sencillo (o puede que más complejo para aquellos que conocían al antiguo Davis). Como si el verdadero Davis se encontrara sumergido bajo el agua y sacara la cabeza para coger aire (y quizá desmontar alguna que otra puerta del baño). 

Hasta aquí la primera parte de este análisis, más filosófico que otra cosa. En la película, en esta “primera parte” se nos presentan 4/6 personajes principales. Conocemos el carácter de Davis y el desencadenante de la historia, empieza a desmontar todo aquello que no comprende o que no funciona, a abstraerse con más frecuencia que antes del accidente y a ser sincero de verdad. 

Me parece ideal profundizar en la metáfora que interpreto tras la necesidad de Davis de querer desmontarlo todo, especialmente lo que está estropeado. Imaginad que las cosas que no entendemos o que vemos que no funcionan, pudiéramos desmontarlas para luego volver a montarlas y comprobar si podemos hacerlo mejor. Sería la fantasía de mucha gente, podría incluso patentarse. Lo que hace que las cosas que hacemos sean maravillosas y únicas, es que se hacen una vez ya está, no hay vuelta atrás. En ocasiones pueden causar dolor y ser tristes, pero eso es lo que hace que los actos que hacemos sean tan importantes. Davis empieza por desmontar por completo la nevera, aunque no vuelve a arreglarla, supongo que a veces no vale la pena hacerlo, como en la vida, es mejor dejar las cosas como están. Esta demolición se aplica y todo al matrimonio del protagonista. Quizás de una manera más impactante, hasta que el matrimonio no se deshace, Davis es incapaz de reconocer que no quería a su mujer. A veces tenemos que desmontarnos cual mueble de Ikea para entendernos mejor a nosotros mismos. 

Otra situación que nos presenta la cinta y que resulta genial es la reflexión que tiene el protagonista cuando va al aeropuerto a acompañar a sus padres. Cuando se ve envuelto entre el vaivén de maletas y pasajeros y piensa “quiero saber que necesita una persona para estar durante cuatro días en Búfalo”, “quiero coger ese montón de cosas y hacer una pila”. Realmente, qué necesitamos las personas en la vida? Lo que me gusta de la primera afirmación es llegar a plantearse eso, qué es lo que necesitamos meter en una mochila cuando nos vamos de casa?

Karen Moreno: Let Me Go Crazy On You

Karen es la persona que responde las cartas de Davis. Realiza su primera aparición sin que la veamos, lo hace a través de una llamada telefónica en la que ya me encandila su carácter. Su siguiente aparición, mejora enormemente la primera. Nos regala una de las mejores secuencias, en la que el protagonista se encuentra en una cafetería hablando por teléfono con la misteriosa Karen. Ella le confiesa que ha estado unos minutos en el restaurante, que ha puesto una canción en la gramola (Crazy on You de Heart es un personaje más). Para acabar de ser más entrañable, añade “tengo esta bonita imagen de usted sentado cerca de la ventana comiendo tortitas, quizá es así como debe ser, sabe?” son las últimas palabras que dice antes de encender las luces de su Corolla y marcharse. 

Que el personaje se presente así, primero únicamente con la voz y luego con apariciones fugaces, me parece una manera genial de introducirlo, pues toda esta forma de actuar forma parte de su actitud, que a pesar de querer mantener la profesionalidad, quiere acercarse al protagonista. Naomi Watts se muestra libre, inocente. Ambos vuelven a ser niños por momentos cuando se juntan. Veo pinceladas de lo que supone hacerse mayor, afrontar la vida adulta y tomar decisiones que marcan. Como si ambos se hubieran visto obligados a crecer en el momento equivocado. Por eso, que en la primera conversación ella se ponga triste al poner Crazy On You y decida irse, me recuerda a la timidez de los niños. Ella se marcha porque no se ve capaz, en ese momento, de afrontar la situación. La letra de la letra se puede entender sola en esta secuencia.