Y líbranos del mal, Constantine

El bien y el mal existen. Y me atrevo a decir que todos los hemos visto alguna vez, puede que no en una forma mística, transformada o monstruosa, propia de uno de esos oscuros cuadros que habitan en las iglesias, pero los hemos visto. Incluso puede que nos hayamos enfrentado al bien y al mal, saliendo victoriosos algunas veces, y otras no tanto. En ocasiones simplemente salimos, a secas. Quizá no tengamos una escopeta en forma de cruz como la de John Constantine, y no vendrá a recogernos el mismísimo Diablo en nuestro lecho de muerte, pero algo muy cierto guarda la historia de ‘Constantine’ (Francis Lawrence, 2005) que el bien y el mal viven entre nosotros, cada día, caminan entre nosotros, a veces nos dan la mano, y otras veces nosotros les damos la espalda. Hay personas que conviven con estos elementos en su interior, y otras que potencian (por muy difícil que sea) uno de ellos. Pero si tuviera que tomar partido, considero que todos tenemos ambos dentro de nosotros mismos, podría ser como un Ying y el Yang versión anatomía. Y como Keanu Reeves en Constantine, la vida nos enseña (quizá no de manera tan brutal como le ocurre a él) a ver y analizar estas conductas, las buenas y malas acciones, las personas que detrás de su bondad esconden malicia, otras cuyas buenas acciones son reales y fuertes, mejoran su entorno. Las personas tóxicas y las que no lo son, o no lo son tanto. 

Quizá todo esto pueda ser demasiado subjetivo, pero al ver ‘Constantine’, pude ver con claridad varios paralelismos con la vida real, sin la necesidad de tener que ver gárgolas sobrevolando las calles. Y el personaje de Medianoche (Midnite en la versión original), interpretado por Djimon Hounsou, podría ser otro paralelismo, el de aquellas personas neutrales, con miedo (o precaución) e incluso con el pensamiento egoísta, de no querer ensuciarse las manos en asuntos que no son los suyos, donde no quieren meterse. Si Medianoche hiciera el test de las 16 personalidades, pongo la mano en el fuego de que sería cónsul.

Además de algunos mensajes que interpreté en las escenas, la historia que cuenta la película es una fantasía oscura, paradójicamente ubicada en Los Ángeles (City of Angels puede leerse en el taxi que lleva a John Constantine en la primera escena de la película). Todos los datos y detalles que Constantine conoce y va revelando, los métodos que utiliza, las visitas al Infierno que lleva a cabo y cómo debe hacerlo, las armas, los trucos, las visiones, todo son piezas que encuentran su lugar a la perfección en este puzle formado por pasajes de la Biblia y exorcismos. La cinta sumerge al espectador en un universo propio y único, lleno de elementos interesantes y curiosos que te atraen y atrapan cada vez más, igual que lo hacen los personajes. 

Constantine con su arma favorita haciendo lo que más le gusta de su trabajo. Foto: Filmaffinity

Los personajes, sí. Empezaré por quien da nombre a la cinta: John Constantine (Keanu Reeves), detective de lo paranormal con carnet propio, capaz de fumarse dos paquetes al día, y a quien, después de todo lo vivido, le va a destruir un cáncer de pulmón. El protagonista indiscutible de la historia, sacado de las viñetas del cómic ‘Hellblazer’ de DC Comics para trasladarlo a la gran pantalla. Él conduce la historia y tiene un imán propio: su carácter, lo enigmático y esotérico que es y lo impasible que llega a mostrarse ante situaciones surrealistas. Un hombre a quien al principio ves como un narcisista con un ego más grande que el demonio que expulsa en la primera escena, y a quien, al mismo tiempo y mientras avanza la película, ves cambiar. El cambio es mínimo y perceptible en algunos gestos, pero Constantine cambia y sus facciones serias y monótonas, también. Descubre su verdadera misión en la (tercera) vida que se le concede. Y lo mejor: parece gustarle lo suficiente para querer vivirla de la mejor manera posible.

Constantine (Reeves) en plena acción por las calles de Los Ángeles. Foto: Filmaffinity

El otro personaje que da qué hablar: Angela Dodson (¿Casualidad que se llame Angela?), interpretada por la magnífica Rachel Weisz. Ella es agente de policía en el mundo real, el que todos podemos ver. Todo lo contrario al de Constantine. Ambos se complementan a la perfección, el dúo perfecto. Ella es creyente, a pesar de negarse a sí misma su capacidad para ver cosas; mientras que Constantine está obligado a ver todo lo que ve le guste o no, y su fe parece practicar funambulismo. Los dos demuestran no ser tan distintos, compartir concepciones similares sobre el mundo, el cielo, el infierno y todo lo que habita en ellos.

Y en cuanto al bloque de personajes, quería comentar brevemente uno más, el arcángel Gabriel. Este personaje bíblico lo interpreta la camaleónica Tilda Swinton, y entre otros valores, en la película Gabriel encarna a la perfección la hipocresía, la envidia, el ansia de poder y la traición. Básicamente todo lo contrario a lo que se explica de él en la Biblia. Gabriel pertenece al Cielo, pero se pasea entre las sombras, moviendo con agilidad los hilos que harán tambalearse el equilibrio entre el cielo y el infierno, entre Dios y el mismísimo Lucifer.

Todo este cóctel de terror, fantasía y misticismo dan lugar a una cinta interesante, intensa y plagada de acción, que a mí me ha sorprendido gratamente. No puedo compararlo con la obra impresa porque no he tenido la oportunidad de leerla, pero la película se ha ganado mi opinión favorable. Un elenco explosivo y único facilitan todo este resultado bajo las órdenes de Lawrence (responsable entre otras cintas de la primera entrega de la saga Los Juegos del Hambre). En fin, recordad que ni el bien ni el mal se encuentran tan lejos de nosotros, caminan a nuestro lado día y noche, solo debemos encontrar el equilibrio. O lo hará John Constantine por nosotros.

Portada de la película ‘Constantine’ (2005). Foto: Filmaffinty