Conocéis esa sensación de que en un día vives muchas cosas, u ocurren varias. Puede ser que seas partícipe u observador. Sin embargo, ocurren, las sientes, como salir una noche y que pasen mil cosas distintas, tantas, que a la mañana siguiente le preguntas a alguien: “Oye, ¿ayer pasó esto y lo otro?”. Es como hacer un puzzle, vas cogiendo piezas y empiezas a juntarlas, parecido a una deducción. Pero en el momento en el que estaban ocurriendo, en este caso, durante la noche, tú simplemente las vivías, dejabas que te traspasaran, las sentías sin cuestionarte nada, todo era bueno y estaba bien. Luego dices, “me alegro de haber salido esta noche, pasaron tantas cosas”. Al final lo que nos forma son las historias, y las memorias, los recuerdos que tenemos de ellas. Pues esta sensación de incertidumbre, de no saber exactamente qué estaba ocurriendo, qué estaba viendo, la estuve viviendo al visualizar, por primera vez, Scott Pilgrim Contra El Mundo.
La estética de la película me atrapó, el uso de los colores, de los recursos propios del cómic y de los videojuegos. Todo en su conjunto resultó en un viaje pop a la historia de amor (porque es el amor el que controla la historia) que vive Scott Pilgrim con Ramona Flowers. “Luchar por lo que quieres”, podría ser una de las reflexiones que se saquen de la película, sinceramente no sé si del todo acertada, pero el enfrentamiento de Scott a los siete ex-novios (los cuales tienen superpoderes) de Ramona, es el pilar central donde se construye tan magnífica historia. Quizá me impactó tanto porque el único contacto que había tenido con el personaje de Bryan Lee O’Malley era de vista, había visto alguna vez el dibujo de Scott Pilgrim. Pero ese domingo de febrero en el que decidí ver la película, fue increíble. Leyendo sobre la película, otras opiniones y comentarios, varios coinciden a mencionar lo acertada que es la estética y la ambientación de la cinta. Y es que sin ir más lejos, si la película no estuviera hecha como lo está (gracias Edgar Wright por arriesgarte y haber creado tal cosa) perdería la gracia, y lo más importante, su relación con su origen: una novela gráfica. En total, un conjunto de seis volúmenes, y la película se basa en los cinco primeros.

La compenetración de los personajes es vital, los cuáles parecen salidos de la serie Galactik Football. Es tan fascinante el universo que se crea, todo está bien, te transmite una sensación de perfección, como si cada cosa estuviera en su lugar. No hay nada a cambiar. Mary Elizabeth Winstead (Calle Cloverfield 10, Sky High) se presenta, en mi opinión, como el mejor personaje, junto a Envy Adams (una metal Brie Larson). Sobre el personaje de Winstead, Ramona Flowers, lo definiría como esa persona cuyo carácter no llegas a entender del todo, sin embargo, le acabas conociendo y sí entiendes sus motivaciones, aunque no se cuente mucho sobre ella. Se cambia el pelo cada semana (rosa, azul y verde son los que vemos en la cinta), se desplaza con patines y trabaja como mensajera. Sin palabras, así es como se queda Scott Pilgrim al conocerla. Ramona me recuerda en algunos aspectos, a Summer de 500 Días Juntos. Posee ese aire impredecible, inalcanzable, cuyo palacio mental parece indescifrable.

Envy Adams es el personaje de Brie Larson, que, a pesar de contar con escenas contadas, marca totalmente la cinta. Es la ex-novia de Scott, que trata de superar y que además es una estrella del rock. Hay una única escena en la que la vemos actuar, en la cual su banda toca “Black Sheep”, canción hecha para la película por el grupo Metric, y ella pone la vocal: una fantasía. Toda esa escena tiene vida propia. Hay un intercambio de miradas entre Scott y Envy, entre el bajista y Scott, y entre Ramona y el bajista, cada uno con sus intenciones, y sin mediar palabra, se establece durante la actuación un conflicto de intereses, unos significados y celos que pueden percibirse a la perfección.
La música que circula a lo largo de la cinta es mágica, acorde a las situaciones (el inicio de “Black Sheep”: Hello again, friend of a friend, es como si Envy hablara directamente con Scott), al estilo de los personajes, de la ciudad de Toronto, que parece una mezcla entre Tokio y Toronto, como hicieron en Big Hero 6 con San Francisco y la capital japonesa (San Fransokyo). Acompaña todo y le otorga un aire personalizado a cada situación. Como mencionaba, la estética es lo que la hace única, y junto a los personajes y su estilo, la música, el guión y los lugares, se crea un escenario idílico, metropolitano y futurista. Dos horas de film que no notas, y que en mi caso supuso una inmersión completa. Un reparto de actores geniales, muchos de los cuáles en ese momento hacían despegar su carrera, se adentraban en esta pieza de ficción y romance: Mary Elizabeth Winstead, Anna Kendrick, Brie Larson, Chris Evans, Brandon Routh (nunca se sabe cuando volveremos a ver a Superman tocando el bajo) o Johnny Simons.
Por último, una vez más lo presenciamos en esta historia, a pesar de los puñetazos, el punk, los superpoderes, el veganismo o las mechas azules, todo gira alrededor del amor. Un amor inexplicable y a la vez sincero, que en sincronía con todo lo demás, convierten esta historia, en algo único. Para mí, ver Scott Pilgrim Contra El Mundo, fue una revelación. En google, en la ficha que aparece de la película sale el presupuesto que tuvo y lo que recaudó aquí. No llegó a superar el presupuesto de 85 millones que supuso (recaudó 48 millones en España), pero a un 91% de los usuarios les gustó la película, y eso suma mucho más a lo largo del tiempo.
