¿Quién ha decorado el piso de Patrick Bateman?

Puede que la cabeza de Patrick Bateman, el personaje interpretado por Christian Bale en la cinta American Psycho (2000) sea un caos, pero la impecabilidad de su piso, o de los otros espacios que aparecen en la película de Mary Harron se hace notable a lo largo de los 101 minutos de duración del filme. Todo se encuentra limpio y ordenado, sin nada fuera de su lugar, nada que produzca rechazo. Todo es perfecto. El placer de lo estético. Esto contrasta con el carácter de Bateman, quien representa todo lo contrario bajo una coraza de cuidada apariencia y perfección. 

El acogedor piso de Patrick Bateman. Foto: Scene Therapy.

El piso de Patrick parece sacado de una revista de Ikea, un piso minimalista, con los muebles justos y cuya posición parece calculada al milímetro. La cocina impoluta, el salón igual, todo en una escala de colores que oscila entre los grises y los blancos. Nada sale de este espectro de color, lo que contribuye a que el piso mantenga un aura futurista y moderna. Aura que también me transmitió en la película la ciudad de Nueva York, pues básicamente los espacios principales en los que se desenvuelve la acción son varios restaurantes caros en los que se mueve el protagonista y sus amigos, el edificio donde trabaja y su despacho, las calles neoyorquinas rodeadas de rascacielos, y el piso (o casa de los horrores) del protagonista. 

El despacho de Patrick Bateman y al fondo, la ciudad de Nueva York. Foto: Imdb.

Esta ambientación, especialmente la de las calles e incluso la del despacho de Patrick, contribuye perfectamente a la sensación de “pasar desapercibido” propio de las grandes ciudades, del vacío de los espacios en los que se mueven los personajes, de la superficialidad que los llena. En el caso del despacho del protagonista, el paisaje que puede observarse desde la ventana es completamente gris. Un telón formado por rascacielos grises que contribuyen a la sensación mencionada anteriormente de pequeñez, de “perderse entre la multitud”, de la fragilidad de los seres humanos. Solo una ventana más, un despacho más entre cientos de miles. Todo envuelto en esa paleta de colores grisáceos y blanco hueso (como diría el propio Bateman). 

Otro elemento que caracteriza a la perfección esa persecución de lo estético en la película es la escena de las tarjetas. En esta escena, Bateman y sus compañeros empiezan a comparar sus tarjetas de presentación, comentando los elementos que incluyen, el diseño que las define y varias características que contienen y a las que pocas personas darían importancia. Como si estuviéramos en un universo en el que esta clase de cosas lo dominasen todo, donde fueran lo más importante. Pues en la mencionada escena, los planos detalle que se hacen de cada una de las tarjetitas, desde la observación de la tipografía, hasta la rugosidad del papel o el color, te hacen caer en lo realmente bonitas y perfectas que son. Valoras el placer visual que producen, y en que una vez más, la estética cuenta mucho, y cómo una persona como Patrick Bateman, con el caos que reina en su cabeza, puede ser tan simétrica, ordenada y perfecta a la vez (aunque luego le produzca un ataque que alguien tenga una tarjeta mejor que la suya). En lugar de decir que la cara es el espejo del alma, en este caso podríamos decir que es la tarjeta de tu oficina. Aunque a Bateman no le hace justicia. 

La tarjeta de presentación de Bateman, ¿Bonita no?. Foto: Pinterest.
La tarjeta del archienemigo de Bateman, Paul Allen (Jared Leto). Foto: Imdb.

Pasearse por American Psycho con Christian Bale es como pasearse junto a alguien obsesivo por una tienda de decoración, especialmente por las zonas de “Oficina” o “Zonas de trabajo”. Muebles modernos, simétricos, cada uno en su lugar. Una visión de espacios perfecta, manchada únicamente por algunas salpicaduras de sangre, el sonido de una motosierra o algún que otro CD que el propio Bateman ponga para amenizar el ambiente. Porque él es así, un tipo que cuida los detalles, su carta de presentación, pues al final es todo lo que tiene. Y por ello, a pesar de todo el desastre, sigue poblando algún tipo de calma, como un embrujo. No sé si es el estilo Dorian Gray del protagonista, con sus rutinas de perfección y belleza, lo que te hace olvidar sus pecados y centrarte en lo bien que se cuida, la buena planta que tiene y su exquisito gusto para decorar.

La venganza personal del protagonista, en proceso. Foto: Imdb.

No es una novela sobre zombis

Una novela sobre la vida de un guionista que vive en Chicago. Cuya vida (ya extraña de por sí), pasa a otro nivel cuando se encuentra a su casero revolviendo sus cosas en su propia casa, es necesario añadir que el casero también lleva puestos sus calzoncillos (de barras y estrellas, características que reitera el libro). Una novela sobre toda clase de cosas a las que podemos enfrentarnos con pinceladas de humor. Cómo se hizo La guerra de los zombis se nos presenta así, como un capitulo definitorio en la vida de Joshua Levin, su protagonista.

Aleksandar Hemon, el artífice de la obra, nació en Sarajevo, como recita la parte interior del libro “en la antigua Yugoslavia”, hecho que se pronuncia más de una vez en el libro. De hecho, podría considerarse uno de los elementos centrales, pues la historia cuenta con la presencia de varios personajes bosnios. Podría barajarse la opción que en ocasiones la crítica impregne las páginas, es decir, la crítica a según que aspectos que viven los extranjeros llegados a Estados Unidos. Sin embargo, Hemon lo camufla con situaciones cotidianas, humor, y una pizca de surrealismo, lo que da lugar al torbellino que vive nuestro protagonista, el guionista Joshua Levin.

Joshua Levin es una persona normal y corriente (algo más que necesario en los libros y en las películas), puedes sentirte identificado con él en varios aspectos: en el amor, en el trabajo, en su situación familiar, en sus objetivos personales, etc. A pesar de que el laberinto de acción y emoción que debe cruzar Joshua puede presentarse un tanto lejano, la esencia del personaje es la misma en cada tramo. Esta esencia es la misma coraza que le envuelve para afrontar dichas situaciones.

El personaje de Levin se sitúa, pues, como uno de los elementos que más brillan de la novela de Hemon. Pues además de ser el protagonista, lo que ya nos hace centrarnos en él, sientes empatía hacia él, o al menos en mi caso, mucha. Es un tío original, y su trabajo también lo es: escribir guiones (o intentarlo). Y hay otras formas por las que puedes sentirte conectado con él: le encanta el cine, su familia es de lo más variopinta, y hasta sus alumnos lo son (Levin da clases de inglés para extranjeros), y su vida amorosa se tambalea por momentos.

Portada de la edición de Libros del Asteroide, con el genial diseño de Duró. Foto: Cata Miralles

El surrealismo

Entonces, el libro empieza con Levin en una cafetería, sumergido en sus borradores de guiones, todos ellos inacabados, hasta que se ve iluminado por una idea: crear un guion sobre zombis. A partir de este momento, y de manera muy original, entre capítulo y capítulo, se interponen una serie de páginas que representan un guion, con la tipografía característica y todo. Así que te encuentras sumergido en dos historias paralelas. Sin saber distinguir cuál es más surrealista.

El surrealismo es otro de los elementos a resaltar. Se trata de un surrealismos que nace de la realidad (voy a explicarme), no es el surrealismo subjetivo propio de pensamientos y reflexiones, ni propio del género de la fantasía, es un surrealismo cuyo base central, en mi opinión, son las situaciones de humor absurdo. Esta clase de surrealismo es el que impregna las páginas la novela de Hemon.

Los espacios

Todos los espacios en los que se desarrolla la historia: el taller de guiones al que asiste Joshua, la casa de su novia Kimiko, el centro donde da clases de inglés, su propio piso y hasta el lugar al que va a comer con su padre, son geniales y originales. Todos permiten crear escenarios nuevos que a su vez dan lugar a comentarios por parte de los personajes y a situaciones que desembocan en otras. No hay ningún lugar vacío, todos acaban siendo engranajes que poco a poco te permiten conocer más a Joshua y la historia que nos cuenta Hemon. Hay algunas líneas de humor negro, que aparecen en ocasiones (la historia se enmarca en los años posteriores al 11-S, de manera que aparecen comentarios sobre la guerra, sobre Irak, el gobierno, etc.), es lo único que, dependiendo del contexto, puede presentarse un tanto brusco. Quizá, porque, desde mi punto de vista, se estropeaba la atmósfera conseguida en ciertas páginas debido a algún comentario de este tipo.

«Hay que estar montado en el dólar para hacer una película» – Graham (Taller de Escritura de guion nivel 2)

Un último punto a resaltar de esta novela, es la crítica que se hace de la industria de Hollywood. Hay dos momentos, que para mí lo representan a la perfección y encarnan la crítica. Momento 1: el odio que siente Graham (uno de los asistentes que “preside” el taller de Escritura de guion nivel 2), hacia los Weinsteins, que se contrapone con la opinión de Joshua, que tampoco es que los adore. Podemos incluir estas líneas del propio Josh sobre la industria al respecto, “Había buenas razones para justificar una carrera de guionista que se basara en el arte de evitar por completo a los Weinsteins, del mismo modo que uno se podía organizar la vida sobre la base de una ausencia de absoluta de esperanza y ambición”. Esta frase para mí identifica la rabia que siente Josh por tener que sucumbir al poder de la industria, pero a la vez reconoce que sin ella, alcanzar el éxito se muestra como una meta lejana e, incluso, inalcanzable.

El momento 2: es la reunión que tiene Joshua con un “cazatalentos” llamado Billy. Durante la reunión, Joshua no lo aguanta. De hecho, se describe al personaje de Billy de tal manera que le coges rabia, se dedica a criticar al personal que trabaja en el restaurante en el que se encuentran y únicamente se luce a sí mismo, debido al poder que le concede el dinero en una industria donde la energía tiene forma de billete. Esta encarnación de la supuesta “puerta hacia el éxito”, es satírica, se trata de una persona incompetente que solo sabe comentar lo que ha conseguido mediante el dinero y lo mediocres que son los demás. Una sátira inteligente y que encaja como un pieza de puzle en el libro.

Cómo se hizo La Guerra de los zombis es una novela que a mí consiguió atraparme, por tanto es una recomendación personal, pero que creo firmemente que es una elección literaria acertada. Para los amantes del humor (con una pizca del absurdo), de las situaciones frenéticas, del cine, de las historias de amor y desamor, de las historias familiares, y de las novelas que te atrapan. Un abanico de posibilidades encuadernado. Tengo que darle la oportunidad a otras novelas de Hemon, pero esta ya se ha colado en mi retina.